viernes, 29 de abril de 2011

Hablemos de Dios

La gran dignidad el ser humando estriba, precisamente en que es poseedor de espíritu a semejanza de Dios. No sólo siente, sino que entiende y ama y sus aspiraciones sólo con Dios se colman, porque sólo Dios le basta.

Procura penetrar en la grandeza de tu corazón hecho a la medida de Dios. Por eso sólo el cariño de Dios puede llenarte. Sólo en Él puedes hallar descanso, vida, felicidad. Ya puedes darle a tu propia persona toda clase de gustos, de grandezas, de poder si no le das, con todo eso, y sobre todo eso a Dios, no le bastarán todas esas cosas. Vivirás inquieto, intranquilo siempre deseoso de más, no serás feliz.

Fue la experiencia fuerte de San Agustín que sintió su corazón inquieto hasta que descansó en Dios, porque "nos has hecho, Señor para ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti". Todo cansa, todo fatiga, todo puede llegar a atormentar si no es con Dios y por Dios. No hay descanso que no canse "si se ve ausente de su verdadero descanso".

Es bueno que profundizar de vez en cuando en estas verdades que han hecho a los grandes hombres, a los santos: no hay más que un Dios, no tengo más que un alma espiritual que he de salvar, no poseo más que una vida temporal, y una muerte y de ellas depende mi felicidad eterna. Por eso sólo Dios basta, sólo Dios basta. Quien a Dios tiene, nada le falta. Y quien no tenga a Dios, aunque tenga todas las cosas, todo le faltará porque sólo Dios basta.

Sólo la repetición pausada de estos grandes pensamientos dará a nuestras vida un peso de eternidad, te ayudará a vivir de acuerdo a tu gran dignidad de persona hecha a semejanza de Dios a la que nada puede bastar si no es el mismo Dios.

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