viernes, 29 de abril de 2011

Del día en que deje ir mi pasado...

Antes que nada quiero ofrecerte una disculpa, pues sé que todo lo que ha pasado es culpa mía. Ayer me pediste perdón y quiero que sepas que de corazón no sólo te perdono, sino que también te ofrezco una disculpa, por todos los errores que he cometido a lo largo de estos tres años.
 
Los momentos que hemos compartido nunca los olvidaré y siempre conservaré de tí la imagen del hombre de la última vez que te ví, pero al mismo tiempo del amigo que ayer hablo conmigo con el corazón.
 
Tal vez, te haya parecido que todo lo que dijiste no lo escuchaba, pero creeme que lo tengo guardado en la memoria y que no lo voy a olvidar.
 
Mi problema siempre ha sido no saber desprenderme de las personas, no poder poner punto final a la historia en el momento y las circustancias adecuadas, pero contigo ya no más.
 
Hoy, empiezo una nueva vida y cambio primero por mí, porque el sufrimiento me está desgastando y haciendo perder las pocas (o muchas) cualidades que tengo, me esta haciendo perder mi fe, el amor de Dios y mi verdadera felicidad.
 
En segundo lugar, porque creo que has sido una persona sumamente buena y paciente conmigo y de deseo la felicidad que quiero para mí.
 
Estoy segura de que Dios volverá a unir nuestros caminos, en el momento correcto (si es Su Voluntad) y que sino lo hiciera es porque lo mejor es que estemos separados. De esta situación creo que podemos sacar muchas cosas buenas y que esta en nosotros tomar lo bueno o lo malo, ya decidí tomar lo mejor.
 
Te quiero agradecer por enseñarme a dejar libre a las personas de tomar sus decisiones a pesar de todo y por demostrarme que sin importar las equivocaciones siempre hay un mejor mañana.
 
Quisiera haber sido la que saliera de tu costilla, pero Jesús tiene caminos infinitos. En este tiempo todo lo bueno y lo malo que me ha pasado lo he podido compartir contigo, pero desde hoy aprenderé a afrontarlo sola segura de que tengo la fortaleza de salir de todo esto lastimada, pero más fuerte y entera.
 
Tienes razón también en que estoy hecha para casarme y en alguna parte de este universo debe estar el hombre indicado para mí. Sé que soy joven y que tarde o temprano llegará quizá tenga que esperar diez años más y entonces entenderé lo que tu en este instante estas viviendo.
 
Desde este instante voy a dedicar mi vida a darme a los demás y a amar cada vez más a la gente de mi alrededor. Tu siempre ocuparás un lugar importante en mi corazón y en mis recuerdos y sé que también ocuparé uno en los tuyos.
 
Siempre estaras en mis oraciones. Te quiero y eso nunca cambiará aunque mi cariño tenga que madurar en poco tiempo y a golpe de martillazos.
 
Que mi Jesús te bendiga y que a ambos les dé la felicidad.
 
HACES LO CORRECTO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario